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Este problema puede deberse a diversas causas, entre ellas un fallo del termostato, baja presión o un intercambiador de calor obstruido.
Si tu caldera no se enciende, puede deberse a un fallo en el sistema de encendido o a problemas con el suministro de gas.
Un problema habitual con las calderas de condensación es la pérdida de presión. Esto puede deberse a fugas o a purgas demasiado frecuentes del radiador.
La acumulación de minerales o residuos en el intercambiador de calor puede obstruir el flujo de agua, dificultando la calefacción.
Los ruidos fuertes procedentes de la caldera pueden indicar problemas internos.
Un control de calefacción roto o defectuoso puede impedir que la caldera responda a las órdenes de calefacción.
Una revisión anual garantiza que tu caldera funcione al máximo rendimiento, reduciendo el consumo de energía y disminuyendo tus facturas.
Mantener tu caldera en óptimas condiciones mediante un mantenimiento regular prolonga tu vida útil y mejora tu fiabilidad, garantizando una temperatura constante durante todo el año.
El mantenimiento regular ayuda a detectar problemas menores a tiempo, evitando que se conviertan en reparaciones costosas ahorrándote dinero.
El servicio de mantenimiento rutinario contribuye a crear un entorno doméstico más seguro, ya que te protege a ti y a tu familia de los posibles riesgos asociados a las calderas defectuosas.
El aire atrapado en los radiadores puede provocar un calentamiento desigual y reducir la eficiencia. Purgar los radiadores libera el aire atrapado y garantiza un calentamiento uniforme. Esta sencilla tarea de mantenimiento puede realizarse una vez al año o siempre que se detectan puntos fríos.